Return of Suspicion

Dean Kavanagh (2014)

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Interesantísima propuesta introspectiva y lúgubre que nos lleva de la mano por los senderos de un bosque soñado, lleno de frialdad.

Un hombre explora los recovecos de un lugar tranquilo y sinuoso. Una jungla yerma que esconde retazos de la memoria de otros y de la suya propia. Y que poco a poco lo va engullendo, atrapándolo con sus ramas como si de una trampa mental se tratase.

La superposición de lo real y lo onírico se elabora mediante una serie de juegos de cámara y una excelente cinematografía experimental que es el pilar de la cinta. No la trama, que sin ser del todo caótica, viene a ser difusa e inconexa—a priori—. Pero eso es lo bueno de este tipo de cine. Hay que saber pillarlo. Hay que entender que su autor no quiere contar algo de manera primordial. Esa no es su meta. Él simplemente filma, de una manera tan sugestiva que en algunos momentos se asemeja al sueño. Con un hiperrealismo que choca con la fantasía sin desentonar y que invita al trance. En resumen: nos brinda una oportunidad para sumergirnos en su mundo y en el nuestro.

Esta experiencia, como casi todas las que nos brinda la EFS (Experimental Film Society) discierne de lo convencional y nos da una mirada sincera y personal sobre la manera de narrar las cosas. Poniendo por delante el “como” y no el “que”. Forjando así un experimento que raya en lo pedante pero que si se mira desde una perspectiva puramente artística es único.

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Aparentemente, la película está dedicada a una persona concreta—la hermana del director—y eso hace que sea muy personal. Para el público en general viene a ser una carta privada que podemos leer—quizá comprender—y que deja ver los entresijos de su naturaleza. Invitándonos a que compartamos su sueño melancólico, sus miedos y sus preocupaciones. Apoyándose en la lentitud, la calma y la tensión perpetua—sin clímax—para expresarlos. ¿Es esto pretencioso? Sí, pero no puede ser de otro modo. Kavanagh sabe qué quiere hacer y no se corta al intentar sonar lo más puro posible. Y a veces logra esa pureza. En varios momentos se siente de verdad la conexión.

Volviendo a la trama, básicamente el hombre se adentra en sí mismo y en los recuerdos de los otros habitantes del plano onírico. Hundiéndose en su ser y despertando sus instintos más básicos. Así pues se divide en dos, surge su antagonista y ya no tiene claro que es real y que no lo es. Está perdido. Ni siquiera se pertenece a si mismo y empieza a divagar. Se desubica y su apetito, tanto goloso como sexual, se acentúa hasta que se expone de manera explícita una metáfora del narcisismo. Y por fin el sentimiento de libertad—falsa—se hace palpable.

A destacar, el fuego que nos brinda el único momento cálido del film. Unas llamas que sin dar luz, calientan este mundo tan frío.

Captura de pantalla (204)

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