Wishing Well

Sylvia Schedelbauer (2018)

Captura de pantalla (609)

Otro lienzo parpadeante compuesto por fragmentos encontrados y alteraciones químicas en la imagen. Un trabajo nuevo y a la vez repetitivo en éste, el panorama del cine experimental moderno.

Nos encontramos en un bosque verde y luminoso del que retrocedemos de manera ilusoria —pues el efecto “flicker” hace que parezca que nos alejamos más rápido— mientras imágenes superpuestas de un niño que se mueve a trompicones, se suceden, evocando un sentimiento algo insípido en un principio. Debido quizá al tedio que supone ver la maquinaria elemental del cine de vanguardia repetida en bucle en estos tiempos. Un método muerto incapaz de resucitarse si no se tiene un ideario que valga la pena.
El problema que yo le veo al cine de vanguardia —o experimental— hoy en día es el abandono de la tesis pensante y verdaderamente interesante por la mera captación de una belleza inestable y su posterior “puesta a punto”. Me gusta mucho la idea de intentar ambientar un ideal o un sueño mediante el poder de una imagen, o el hecho de hacer una película en la que se narre a través de ella; pero últimamente me canso rápido de los nuevos cineastas de corte experimental. Es como si todos tuvieran los mismos referentes en la historia (Brakhage, Frampton, Baillie…) y repitiesen sus objetivos —los suyos propios— en bucle.
No voy a decir que este es el caso de la cinta de Schedelbauer, porque es el único trabajo suyo que he visto por el momento. Pero sí me parece repetitivo en cuanto a la forma —que, curiosamente, es “lo que más cuenta” en su obra—  y no puedo evitar tener sentimientos encontrados.
Para empezar, el presagio del bosque indica una salida del mundo natural, algo que se vuelve onírico en cuanto cruzamos el umbral de ramas verdes y los colores se confunden en el espacio. Esa salida hasta ahora ha sido mostrada mediante un recurso trillado como es el parpadeo. En una entrevista la directora apunta que lo hizo por un simple problema económico debido al estado del found footage en 16mm —acto seguido se corrige diciendo que también tiene un poderoso motivo estético—. El hecho de que sepamos porque se usa algo no influye en su uso, pero sí en su significado y por ello, no es legítimo. Esta repetición —o mejor, imitación—no es diferente de la que se usa en el cine comercial y por ello no voy a callar a la hora de hablar del modus operandi de ciertos trabajos. El usar técnicas propias del movimiento experimental de antaño, no significa que por ello vayan a ser satisfactorias, ni mucho menos que la obra vaya a ser buena —muchas “obras maestras” del cine experimental son basura—. Y por esto hay que saber qué hacer con ellas y cuándo utilizarlas —usar, no abusar— accediendo así a orientar el cine a otro puerto que no sea el mero experimento.
En el desarrollo posterior del material, vemos como las manos del niño contienen un líquido —agua— en el cual hay un vacío que aglomera una corriente de un río y posteriormente una amalgama de colores e imágenes difusas. ¿El ciclo de la vida en manos humanas? ¿La naturaleza y el universo mezclándose en las manos de un inocente? ¿Algo estéticamente bello y críptico? Todo es posible. Si algo es seguro es que el cortometraje encierra varias lecturas y que el propósito del mismo es sumergirse en su mundo. Pero la verdad es que con cualquier imagen líquida es posible esa abstracción. Me viene a la cabeza el cortometraje Somnambulicy de Mieczyslaw Waskowski en el que se ven diferentes elementos que conforman un mundo abstracto y habla sobre el comportamiento de sus formas —informales— en el espacio. Lo bueno de este cortometraje —y donde radica la diferencia— es que se concibe como experimento y nada más. Sin ninguna pretensión de ir más allá de conceptos meramente visuales. Podrá ser bueno o no, pero no se (auto)califica como arte.
No cabe duda de la fuerza de la imagen en películas de este tipo. Pero ¿realmente es tal el logro de conmover con una imagen bella? ¿es merecedora pues Wishing Well de admiración? Para mí es un corto más. Un trabajo que es capaz de sumergirte en ti mismo y en su atmósfera, pero que no cuaja porque no hay nada más que la forma. Es bonito, interesante, intrigante e incluso místico; pero no tiene cuerpo, no perdura… No trasciende.
Captura de pantalla (624)
En definitiva, podemos ver y solamente ver el corto. Lo cual nos llevará a disfrutar a ciegas de una experiencia y vernos inmersos en un curioso mundo pigmentado. O bien, podemos analizarlo y descubrir que la consciencia humana no es estática, que el retorno a la juventud es imposible y que el tacto es materia del ojo sin dejar de admitir otras lecturas. Pues éste y tantos otros trabajos, evocan diferentes sentimientos/ideas/recuerdos en la gente.
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