Ta peau si lisse

Denis Côté (2017)

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La idea que se atribuye a los protagonistas de Ta peau si lisse, de gladiadores modernos, no podría ser más simplista y superficial. En fin, contraria a todo el sentido reflexivo de la obra. Pues estos hombres se mueven en un contexto, que sugiere algo más que la pretensión de tener un cuerpo perfecto para ganar un concurso. La obsesión va más allá de una recompensa meramente material, reflejando una interesante veneración al cuerpo mediante un ritual “monstruoso” pero admirable.

Es esa idea del “cuerpo como elemento divino” la que da un aire místico a la obra, invitándonos a contemplar un mundo que parece bárbaro y plenamente insustancial. Pero advirtiendo, mediante una acerada introspección, que hay algo más tras la piel tersa y el aspecto grotesco de estos hombres. De un modo u otro, la mirada extremadamente intimista y contemplativa nos obliga a mirar más allá de la forma y los músculos, dibujando un riguroso croquis sustancial.

En cada sesión de entrenamiento o de recuperación se nos muestra algo más que información técnica o crítica. Resquicios de un sentimiento que alude a una forma de pensar cada vez más compleja que quizá pase inadvertida para la mayoría. Así como en Bestiaire, Côté nos muestra animales enjaulados, creando una relación personal y directa con el espectador, aquí consigue el mismo efecto de aislamiento y hermetismo— de manera menos impactante—. Sus largos planos fijos nos abren una ventana a un mundo que es perpetuo, que no pretende entretener ni lograr un objetivo meramente informativo. El diálogo se elabora mediante el visionado inmerso, siempre que el espectador esté dispuesto, para así forjar un vínculo audiencia/película que, sin ser magnífico, es bastante necesario hoy en día. Pues el modelo narrativo del cine actual se reduce al mero entretenimiento y raya el absurdo.

En una entrevista, Côté dijo lo siguiente:

Hoy la mayoría de las películas no consideran a la audiencia. La conciben como una suerte de grupo al que se le debe ofrecer entretenimiento.

Y es precisamente su simbiosis con la audiencia la que hace su cine tan arrebatador.

En Ta peau si lisse, el culto al cuerpo desemboca en varias vertientes según cada uno de los hombres a observar —prefiero no decir nombres, pues tampoco se dicen en la película, obviando los créditos—, descifrando sus hábitos, sus objetivos y su extrema adulación del físico masculino. Estos seres que pasan casi todo su tiempo intentando alcanzar la perfección estilística, son inspeccionados, tanto física como mentalmente de una forma según la cual podemos notar una esencia oculta. Un rigor casi religioso a la hora de vivir.

Es curioso ver como su pasión por mantener o lograr el cuerpo sobrehumano se ve mermada en un aspecto sentimental. No darse por vencido no significa ganar y esto es la clave del “documental”. Al ver como su día a día evoluciona sabemos que no todos tienen una claridad sobre lo que significa la fe. Fe en la iluminación mediante el cuerpo. Y es por esto que sus actos conducen a la nada —hablando en términos de espíritu—, una nada que se manifiesta mediante una mirada en el rostro del luchador, el entrenador o el veterano. Ellos, que ya llevan el fracaso a sus espaldas y que no contemplan la idea de un retorno o un arrepentimiento, se dedican a instruir, a orientar y a mantener su creencia en un círculo vicioso en el que “lo que son es lo que desean”. Y es al final, en la escena del retiro, donde todo cobra un sentido más claro y trascendente. Al verlos nadar en el agua, tumbados sobre la hierba; impasibles ante el tiempo pasado, presente y futuro y caminando sin un rumbo fijo, es cuando se muestra el verdadero sentido de su existencia. Un paso hacia el paraíso idílico, en el que su admiración por el cuerpo se hace mantra y su pureza es completa. Donde pueden elaborar sus propios códigos de belleza y se hacen hermandad.

Pero ese paraíso es irreal y ese encuentro matafórico alude a un error en su credo. Me parece extremadamente malévolo y triste como el culto al cuerpo se transforma en tormento, debido a la envidia, el error de juicio y como no, la extrema adicción. Por eso creo que cada personaje muestra una cara de la sabiduría. Desde el joven inexperto y entusiasmado, ajeno a la podredumbre que le espera; hasta el veterano silencioso, la vieja gloria que hoy enseña pero que llora en silencio. Así como la película se compone de capas, la piel de los culturistas tiene cavidades ocultas que Côté intenta mostrar desde un punto de vista sobrio e íntimo.

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