La imagen arde

Lois Patiño (2013)

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“Saber mirar una imagen sería, en cierto modo, ser capaz de distinguir ahí donde la imagen arde, ahí donde su eventual belleza reserva un lugar a un “signo secreto”, a una crisis no apaciguada, a un síntoma. Ahí donde la ceniza no se ha enfriado”

Georges Didi-Huberman

Patiño toma como referencia esencial el paisaje para hacer su cine. De una manera hipnótica, pero no menos reflexiva, trata al paisaje como el Personaje que lleva el pulso en la imagen y el tiempo.

La imagen arde es el mejor ejemplo de su particular cine. Dónde la imagen continua , repetida y extremadamente realentizada del fuego, nos permite diseccionar sus movimientos y captar las múltiples formas que su propia naturaleza danzarina ofrece. Pues el fuego es la imagen sin materia, sin forma. Un elemento intangible que posee dos cualidades: luz y calor. De las cuales sólo una se percibe mediante el ojo, pasando de ser una realidad a ser una imagen. Pero ¿qué encierra esta imagen? Patiño trabaja, en sus propias palabras, con “una sola imagen: un fuego, de noche, que los bomberos intentan extinguir sin éxito durante treinta minutos (la duración del film) […]. La imagen del fuego, con su poder hipnótico, es constante durante todo el tiempo, pero el sonido cambia aproximadamente cada cinco minutos: sonidos realistas de fuego, silencio, música, sonidos electrónicos, la respiración de alguien… de modo que el significado de la imagen y nuestra relación, como espectadores, con ella, cambia constantemente.”

A mi modo de ver, a través de ese realentí, se ajusta la percepción del fuego en el tiempo. Pasamos de ver un fuego real a toparnos con las fases por las que evolucionan sus llamas y a enfrentarnos con la propia imagen de éste, pues reflexionamos sobre el modo en que nos llega. Cada espasmo es diferente y la situación ahogada y antinaturalista encierra un tono oscuro —en el sentido de oculto— que, por lo menos a mí, me hace reflexionar sobre lo que estoy percibiendo.

Frente al fuego surge el hombre, que entrará en una lucha cuerpo a cuerpo contra él, poniendo de manifiesto el peligro y la relación entre elemento y ser humano. Varios fuegos se presentarán de forma continuada, hasta que el hombre se quede quieto mirándolo, abatido y atraído al mismo tiempo, por el rojo fulgor de las llamas. Ante esto podemos deducir que el aspecto más real del fuego vence al de su contrapartida en el ideario de la imagen y el de Patiño. A grandes rasgos, el fuego es documentado y no simbólico.

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A diferencia de sus anteriores trabajos, la banda de sonido de La imagen arde tiene un papel crucial a la hora de interpretar el film. El sonido efectúa los cambios en la imagen, dividiéndola en partes imaginarias, que responden de maneras distintas. La imagen es la misma, pero su significado y percepción varía dependiendo del acompañamiento musical, o simplemente auditivo. Así pues, la enriquecen y la dotan de discurso, consiguiendo de forma muy interesante, relativizar el tiempo. Experimentando con la experiencia visual unida a la temporal de una forma arrebatadoramente bella.

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